Cuando las Iglesias de todo el mundo celebran al Salvador, al
Resucitado, cuando fuegos, velas e incienso, cánticos y liturgia divinizan
templos, sacerdotes y feligreses, los
que nos confinamos en esa Asturias rural, del uno al seis de abril, con
excelente tiempo, naturaleza viva y en su esplendor- hoy hemos pasado de los
25,5º de temperatura-sin celebraciones y ni sacerdotes- , cuando son las 10.45
horas de la noche, queremos participar
de esa Vigilia , aunque sea en ausencia, a través de estas palabras, que convertidas en
oración , quieren reflejar lo que fluye por nuestras cabezas en estos momentos
tan especiales y que son la esencia del Cristianismo, en el que todo un Dios se
hace hombre para perdonar nuestros pecados y salvarnos , con la entrega de su
misma vida en la alto de la Cruz, de ahí que mis primeras palabras al dirigirme
al Padre sean de agradecimiento, en primer lugar de lo mucho recibido:
vida , familia, pan y techo. No todos pueden decir lo mismo, hay a quienes no
les dejan abrir el paracaídas. Nuevamente cuando las soluciones económicas y la
ansiada igualdad brillan por su ausencia- las desigualdades van a más en el
mundo-, aparece como señuelo el aborto, la solución que divide, tensa y
enfrenta. Aún
sigo sin saber a qué hora exacta y día germina la semilla en el surco.
Hace unos días agradecía a mi profesor Celestino mi
incipiente vocación de letras y ahora, en este momento en que escribo, cuando
ya los años convierten el espejismo del llamado “Mundo” en mera vanidad, mi
agradecimiento se hace extensivo a todas aquellas personas que me han dejado una huella imborrable de su
nobleza y buen hacer, sin esperar nada a cambio, amigos, vecinos, compañeros de
estudios y de trabajo, y en especial los muchos sacerdotes que paciente y
generosamente nos han ayudado a encontrar nuestro camino en la vida, nuestro
porqué , nuestro fundamento , y como herramientas el Evangelio y su ejemplo
personal, con sus aciertos y sus fallos, pues como bien decía San Francisco de Asís:
“Somos lo que somos ante Dios”. ¡Cuánto bien han hecho y siguen haciendo las
parroquias, auténticas reservas espirituales de Occidente! que sin necesidad de torre del homenaje ni
almenas, desde las paredes de su vieja Casa Rectoral difunde fe, moral, humedad
y soledad divina al mismo tiempo! No
hace mucho un feligrés sorprendido por la homilía del párroco me decía: ¡Cuánta
generosidad!... Ejemplos de cuanto digo los tenemos todos en la cabeza. ¡ Que
el señor siga enviando operarios a su mies! En un día como hoy solo me queda
desear que seamos capaces de devolver tan bien como hemos recibido, y reconocer
que uno por sí solo, poco puede.
Si empecé hablando de agradecer, ahora quiero exponeros mis
preocupaciones en pleno Jubileo de la Esperanza, cuando la paz está
desaparecida y las empresas de armamento son el auge del momento, y el
nerviosismo se percibe en cualquier telediario- van perdiendo cuota de
audiencia; hay que proteger la salud mental-
ya que la muerte, terror y miedo
son sus ingredientes, y no hay mente humana que lo lleve, y como único remedio
el fútbol, muy usado ya en otras épocas.
Algo se ha hecho mal y sus consecuencias están a la vista. De no frenar esta
dinámica el futuro no se presenta muy halagüeño y más ahora con tanta arma
automática sin tirador humano y drones. Parece que hay quien quiere superar a
Hitler y Stalin. ¿Lo conseguirán? Todo tenemos una parte de responsabilidad en
evitarlo. Ya decía Cicerón: “Somos siervos
de la ley con el fin de ser libres”.
En palabras que quieren intentar convertirse en oración, en
las que uno tira de memoria y vida, recuerdo que uno de las frases que en mis
años mozos más me sobrecogió fueron pronunciadas por Hitler, no sé en qué año,
y decían:” Cuanto más trato a los hombres más quiero a los perros”. En aquel
entonces me aterrorizo y me hizo pensar como era posible despreciar al ser
humano, hombre y mujer, y al diálogo y la tolerancia para hacer una vida común.
Hoy descubro que el gran rey y trono, que absorbe todo lo humano y causante de
los muchos problemas del diario vivir, es el egoísmo, el yo, el me interesa, y
pruebas las tenemos a diario, y es que distribuir, repartir, donar, renunciar
no está de moda…Si fuéramos solidarios nadie moriría de hambre, alimentos hay,
lo que falla es su distribución.
Tal día como hoy suenan en mi cabeza esas palabras del
Evangelio que dicen: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el
Crucificado”…
Para nosotros los cristianos, no los paganos cristianos que
tanto abundan, cada vez suena con más
fuerza aquellas palabras de: “ Si no tienes amor, no somos nada…”
José Antonio Noval Cueto.
P.D “PAZ PARA EL AÑO NUEVO...pero una paz que, al menos, me
deje seguir soñando” (“El Santo”, enero 2026, Jesús Calvo)
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