De semana en semana las
mentiras, abusos y atropellos van a más, y la esperanza a menos, - y eso que
estamos en pleno Jubileo de la Esperanza-, y ante esta miseria moral que nos
invade, uno busca ansiosamente una respuesta y no hay otra que la mentira, el
argumento engañoso, la argucia jurídica que evita responsabilidades, -no es de
recibo que España participe en labores de defensa en Creta sin que el
Parlamento se pronuncie-, la violencia –
la paz se sustenta sobre la fuerza- , o como mucho la complicidad del silencio.
Y uno se pregunta ¿cómo se ha llegado a esta situación desencantada en la que
estamos? La culpa es de todos, de unos más que otros, pero de todos. Nos hemos
confiado, nos hemos dejado llevar , renunciamos a nuestra responsabilidades
cívicas, a veces, de manera interesada- los pesebres son cuantiosos-, a veces
por miedo, por comodidad o desidia,
hemos hecha buena esa frase de “camarón que se duerme se lo lleva la
corriente” y permitido y consentido
abusos de poder que debilitan nuestra democracia y el imperio de la Ley.
A mi edad, me siento manipulado, engañado, utilizado, y eso
después de haber soportado muchas campañas publicitarias que hablaban de la ley
como elemento básico de un democracia, de que EEUU era el paraíso de la
libertad y de la libertad de prensa , hasta el punto que todo un presidente Nixon
tuvo que dimitir por los escándalos del
“Watergate” o que era la nación que mejor aclimataba a los emigrantes que
llegaban- las actuales imágenes de Tv de Minneapolis dicen lo contrario- …Años
después se observa que hay un asalto al Capitolio con víctimas y su principal
instigador queda incólume y los asaltantes en libertad, al ganar Trump las
elecciones…o que Jordi Pujol, según reportaje victimista de la revista “El
Ciervo”, fue represaliado en la época de Franco…Hoy contemplo con preocupación
que la ley no existe, que todo depende del color con que se mira y basta para ello ver las
sentencias que últimamente salen del principal garante de la Ley, como es el
Tribunal Constitucional, y no pasa nada. En una comida reciente con algunos
amigos hemos llegado a la siguiente conclusión: “De que la Política es algo muy
serio, no para adolescentes”.
Tengo amigos que ya no ven los telediarios, especialmente
aquellos que son programados desde el Poder, porque les produce nerviosismo, ya que siguen la
conocida táctica de comentar la misma noticia un día ,otro y otro… Como decía un
vecino mío: Tócote la misma canción, pero más fuerte”. Últimamente en el
sumario, sus cinco minutos sanitarios para glosar las bondades y avances del
sistema, pero de las dificultades del día a día de los Centros de Salud y de
las interminables listas de espera, nadie habla, ni la oposición política.
¿Cuántas personas fallecen por falta de prontitud en la atención de su
enfermedad?
En plena semana bélica, en la calle Alcalde Parrondo, me
encontré con un antiguo amigo que no veía y después de las típicas preguntas me
dio su tarjeta de visita y en ella figuraba su profesión: “Escritor y poeta”,
que me hizo recobrar la esperanza, la ilusión y el pensar que aún estamos a
tiempo de hacer un mundo más humano, pues como decía Ortega y Gasset: “Si Dios
se ha hecho hombre , es que ser hombre es lo más importante que se puede ser”,
y es que aunque no lo creamos, el poder
de la palabra es enorme. Yo no llego a tanto, pero puedo confesaros que en mi
tarjeta de visita figura: Lector, y ahora para acabar estas letra vais a
permitirme que os recomiende una novela de Luis Landero – uno de nuestros
mejores escritores, de esos que saben mantener la atención del lector sin que
en apenas pase nada-, titulada “ Coloquio de invierno”, en las que siete
comensales, aislados en un pequeño hotel por la nieve, después de la cena,
cuentan historias o vivencias que hayan tenido o que hayan oído, y es que como
dice Tomás Guerrero, uno de ellos ,”Todos tenemos algo que contar”. Hacía
tiempo que no disfrutaba tanto del placer de leer, y es que el autor domina el
oficio y hace con la pluma lo que quiere;
reproducir los testimonios o vivencias de sus personajes, sin cansarnos, como
si nos lo contara de viva voz.
José
Antonio Noval Cueto.
P.D : “Las causas más profundas de la crisis del mundo
occidental tras la primera y segunda guerras mundiales se deben- según Schuman,
Adenauer, De Gasperi y Arnold Toynbee-, al alejamiento de los valores
espirituales, con su culto desmedido por la técnica, el nacionalismo y el
militarismo” (Rafael Navarro-Valls)
“Al final de un enfrentamiento internacional sin paragón, II
Guerra Mundial, la cifra de muertos ascendió a más de cincuenta millones, casi
la mitad civiles” (Peter Seewald)


