A pesar de ser la nación más antigua de Europa, a
pesar de formar un Imperio donde no se ponía el sol , a pesar de sus muchas y
grandes aportaciones a la cultura occidental, a pesar de tener un idioma que
hablan más de 600 millones de personas y ser el más demandado en Nueva York y
Brasil, entre otros muchos sitios, y “El Quijote”, la primera novela de alcance
universal, que testimonia la existencia de un espíritu colectivo hispano, hay
personas que nacidas en su territorio se consideran apátridas. Las causas
pueden ser muchas, entre ellas políticas, actuales, - vemos que la Bandera de
la Nación aparece o desaparece, aumenta o disminuye según qué tipo de acto, momento, persona y
territorio; el Himno no tiene letra-, históricas (la tóxica e interesada
Leyenda Negra), como si las demás naciones europeas fueran un dechado de
virtudes y bondades, pero especialmente todo esto ocurre por falta de personalidad,
de no conocernos aún a nosotros mismos, de no saber lo que somos y queremos, y
así nos va. Si esto vale para casi toda nuestra historia, con más motivo para
la historia reciente con sus guerras de la memoria, y más aún cuando la
contaminación informativa y la manipulación reinan en los tiempos de la no verdad.
Ya va siendo hora que tengamos certezas y el coraje de
defenderlas, de hacerlas nuestras. La Patria y su Bandera es de todos- no son
patrimonio exclusivo de nadie-, se defienden con “ sangre, sudor y lágrimas”, y
más en estos tiempos tan caóticos, en que las miserias morales que todos
conocemos – algún periodista las califica de “bestias”, término que aún me
parece suave-, quieren hacerse dueños del mundo y repartírselo , sea como sea y
a costa de quien sea, con más o menos dolor y muerte, y con el silencio
cómplice de una decadente Europa y una atribulada y acomplejada España, que
entre sus defectos está no querer reconocer que los pueblos los mueven los
mejores en todas las facetas de la vida. Ya a principios de siglo Don José
Ortega y Gasset pedía que el gobierno de los pueblos estuviera en manos de los
mejores…
La pregunta de abierta respuesta es por qué en España
los mejores no cotizan. Mientras no superemos este escollo, no saldremos del
atasco. No sé por qué cuesta tanto reconocer que uno escancia mejor que otro,
que aquel pone más metros de baldosa que yo, que éste conduce y cuida mejor su
camión , que ese fontanero dobla y coloca los tubos de plomo en un momento, que
este pintor capta la naturaleza, la abstrae, la hace suya o que ese periodista
relata los hechos con dos adjetivos precisos, o por ir a una comparación más del
momento – aquí solo se aprecia el fútbol- por qué no admirarse de la jugada del
meritorio gol de Vinicius después de deshacerse de tres contrarios o las
hazañas de Nadal o Carlos Alcaraz… ¡Cuánto beneficio aportan a los demás los
genios de su oficio, de su profesión y es deber nuestro apreciarlo y
agradecerlo!, y es que queramos o no el mundo lo mueven los mejores y es por
interés de todos , que se les premie, que se les aplauda , que se les estimule,
repito en todos los campos de la vida, tanto en el campo deportivo, en la
investigación, la política y la empresa- ¿qué sería de nosotros si no hubiera
inversiones?-, y esto no depende solo del dinero, sino de consideración y
aprecio social, y es que lamentablemente da la impresión que se busca que nadie
destace, que reine la medianía, la mediocridad, la inercia , el dejarse llevar,
el aborregamiento, y con esa mentalidad poco nos puede ofrecer el
futuro, y algo de esto ya lleva años pasando en la educación. Se ha pasado del
exagerado cuadro de honor de mi época escolar al más desmotivador silencio. Ya
va siendo hora de reconocer que somos una GRAN NACIÓN, solo depende de
nosotros, que lo reconozcamos y obremos en consecuencia, en resumen, que no
creamos en cantos de sirena, sino en nosotros mismos y nuestras posibilidades.
Y eso que todos sabemos que no todos tenemos las
mismas capacidades intelectuales, de trabajo, de entrega, de voluntad…Factores
que sumados generan las diferencias y aportes que cada uno hace a la sociedad,
y de los que tan necesitados estamos, ya que la sociedad no se sustenta por sí
sola, sino del aporte de cada uno de nosotros. Cada uno en su puesto. No sobra nadie. Nadie
es más que nadie y nunca está de más que cada uno se pregunta cuál ha sido y es
su aportación al mundo en que vive.
Estas reflexiones me han venido esta mañana en la sala
de estar de una consulta médica -después de una semana lluviosa, un martes de
carnaval original y vistoso, un miércoles de ceniza , lleno de fieles en la
Iglesia de San Pedro de Pola, - mientras leo un pequeño libro divulgativo ,
sita en la mesa central de la sala, titulado: “Severo Ochoa, la humanidad de un
gran científico”, escrito por su sobrina nieta, Doña Carmen
Fernández-Lavandera, y editado por el Ayuntamiento de Valdés, que nuevamente me
indica la importancia de reconocer a los mejores, a las mejores personas. ¡Hay
que cuidar los detalles, hasta el tipo de lectura de una consulta!
José Antonio
Noval Cueto, que parafraseando se define como ciudadano del mundo, sierense,
asturiano y español.
P.D Quiero
expresar mi satisfacción por la feliz resolución del ERE de ENCE en Navia y es
que como dicen: “Bien está lo que bien acaba” .


