sábado, 21 de febrero de 2026

España y los mejores…

 

A pesar de ser la nación más antigua de Europa, a pesar de formar un Imperio donde no se ponía el sol , a pesar de sus muchas y grandes aportaciones a la cultura occidental, a pesar de tener un idioma que hablan más de 600 millones de personas y ser el más demandado en Nueva York y Brasil, entre otros muchos sitios, y “El Quijote”, la primera novela de alcance universal, que testimonia la existencia de un espíritu colectivo hispano, hay personas que nacidas en su territorio se consideran apátridas. Las causas pueden ser muchas, entre ellas políticas, actuales, - vemos que la Bandera de la Nación aparece o desaparece, aumenta o disminuye  según qué tipo de acto, momento, persona y territorio; el Himno no tiene letra-, históricas (la tóxica e interesada Leyenda Negra), como si las demás naciones europeas fueran un dechado de virtudes y bondades, pero especialmente todo esto ocurre por falta de personalidad, de no conocernos aún a nosotros mismos, de no saber lo que somos y queremos, y así nos va. Si esto vale para casi toda nuestra historia, con más motivo para la historia reciente con sus guerras de la memoria, y más aún cuando la contaminación informativa y la manipulación  reinan en los tiempos de la no verdad.

Ya va siendo hora que tengamos certezas y el coraje de defenderlas, de hacerlas nuestras. La Patria y su Bandera es de todos- no son patrimonio exclusivo de nadie-, se defienden con “ sangre, sudor y lágrimas”, y más en estos tiempos tan caóticos, en que las miserias morales que todos conocemos – algún periodista las califica de “bestias”, término que aún me parece suave-, quieren hacerse dueños del mundo y repartírselo , sea como sea y a costa de quien sea, con más o menos dolor y muerte, y con el silencio cómplice de una decadente Europa y una atribulada y acomplejada España, que entre sus defectos está no querer reconocer que los pueblos los mueven los mejores en todas las facetas de la vida. Ya a principios de siglo Don José Ortega y Gasset pedía que el gobierno de los pueblos estuviera en manos de los mejores…

La pregunta de abierta respuesta es por qué en España los mejores no cotizan. Mientras no superemos este escollo, no saldremos del atasco. No sé por qué cuesta tanto reconocer que uno escancia mejor que otro, que aquel pone más metros de baldosa que yo, que éste conduce y cuida mejor su camión , que ese fontanero dobla y coloca los tubos de plomo en un momento, que este pintor capta la naturaleza, la abstrae, la hace suya o que ese periodista relata los hechos con dos adjetivos precisos, o por ir a una comparación más del momento – aquí solo se aprecia el fútbol-  por qué no admirarse de la jugada del meritorio gol de Vinicius después de deshacerse de tres contrarios o las hazañas de Nadal o Carlos Alcaraz… ¡Cuánto beneficio aportan a los demás los genios de su oficio, de su profesión y es deber nuestro apreciarlo y agradecerlo!, y es que queramos o no el mundo lo mueven los mejores y es por interés de todos , que se les premie, que se les aplauda , que se les estimule, repito en todos los campos de la vida, tanto en el campo deportivo, en la investigación, la política y la empresa- ¿qué sería de nosotros si no hubiera inversiones?-, y esto no depende solo del dinero, sino de consideración y aprecio social, y es que lamentablemente da la impresión que se busca que nadie destace, que reine la medianía, la mediocridad, la inercia , el dejarse llevar, el aborregamiento,   y con esa mentalidad poco nos puede ofrecer el futuro, y algo de esto ya lleva años pasando en la educación. Se ha pasado del exagerado cuadro de honor de mi época escolar al más desmotivador silencio. Ya va siendo hora de reconocer que somos una GRAN NACIÓN, solo depende de nosotros, que lo reconozcamos y obremos en consecuencia, en resumen, que no creamos en cantos de sirena, sino en nosotros mismos y nuestras posibilidades.

Y eso que todos sabemos que no todos tenemos las mismas capacidades intelectuales, de trabajo, de entrega, de voluntad…Factores que sumados generan las diferencias y aportes que cada uno hace a la sociedad, y de los que tan necesitados estamos, ya que la sociedad no se sustenta por sí sola, sino del aporte de cada uno de nosotros.  Cada uno en su puesto. No sobra nadie. Nadie es más que nadie y nunca está de más que cada uno se pregunta cuál ha sido y es su aportación al mundo en que vive.

Estas reflexiones me han venido esta mañana en la sala de estar de una consulta médica -después de una semana lluviosa, un martes de carnaval original y vistoso, un miércoles de ceniza , lleno de fieles en la Iglesia de San Pedro de Pola, - mientras leo un pequeño libro divulgativo , sita en la mesa central de la sala, titulado: “Severo Ochoa, la humanidad de un gran científico”, escrito por su sobrina nieta, Doña Carmen Fernández-Lavandera, y editado por el Ayuntamiento de Valdés, que nuevamente me indica la importancia de reconocer a los mejores, a las mejores personas. ¡Hay que cuidar los detalles, hasta el tipo de lectura de una consulta!

 

                        José Antonio Noval Cueto, que parafraseando se define como ciudadano del mundo, sierense, asturiano y español.


P.D   Quiero expresar mi satisfacción por la feliz resolución del ERE de ENCE en Navia y es que como dicen: “Bien está lo que bien acaba” .



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