Se está devaluando todo, desde la Moral hasta el dinero,
desde la Ley hasta el Decreto, desde la Libertad hasta la Democracia, en este
mundo líquido y ya casi gaseoso, pocos asideros nos quedan a los humanos,
incluso se ha llegado a dudar si existimos, si estamos en peligro de extinción...
La gente no se saluda, ni dice buenos días , no se comunica – en los pueblos
han desaparecido las “quintanas ,las tayuelas incluso, en muchos, los bares”- no
se ayuda al necesitado y el voluntariado
libre, generoso, altruista va a menos, y a la actividad pública se dedican los
que quieren hacer de ella una profesión y si cabe patrimonio, no una voluntad
de servicio a los demás, pero a pesar de ello, el ser humano existe, debe ser
una prioridad y por ello aún escribo estas palabras, pues concibo el acto de
escribir como un medio para comunicar, hablar, crear belleza , estilo y no
exento de la fundada crítica y de la esperanza de un mundo mejor, más humano,
pues soy de los que cree que la palabra felicidad y más en la tierra, existe,
depende de nosotros y a eso os invitan estas letras. Supongo que entre los muchos motivos que
llevan a uno a escribir o a ser notario del tiempo, es dar fe de lo que pasa y
la posibilidad de mejorar, de hacer un mundo más humano; pensemos en Cervantes,
Tolstoi, Víctor Hugo…Algunos hitos hemos logrado en la Historia,- hasta se ha
dejado de fumar en bares y demás locales públicos-,basta que no renunciemos a
pensar y, menos, a soñar. ¡Que las máquinas no piensen por nosotros! La vida no
se puede resumir en el mero goce, que no libera, sino que esclaviza, es algo
más y tenemos que tener objetivos, proyectos para todas las etapas de ella:
primavera, verano, otoño, invierno…, algo que por desgracia hoy no se prodiga, pues
todo lo circunscribimos al momento del presente, propio de la generación del
interruptor, del instante, que no sabe esperar, soportar, renunciar; del ruido,
no del silencio que les aterra, porque inquiere, pregunta, incita a pensar.
Durante años rigió el lema de “Consume, trabaja y calla”. Personalicemos la
vida.
Hace unos meses, en una típica pequeña esquina del centro de
Madrid, especializada en desayunos, porras y churros, en una de sus paredes
ponía: “No tenemos wifi: Hablen entre ustedes”. Mensaje que me sorprendió y me
hizo ver la enorme despersonalización que vivimos incluso favorecida por la
propia Administración, que más que facilitar la personalización del ciudadano,
la coarta, la limita; le aísla, y eso que los mayores de 60 somos muchas
personas, aunque no convenientemente digitalizados, pues a ciertas edades ya se
cansa uno de leer el libro de instrucciones. ¡Ni cita presencial para obtener
el carnet de identidad! ¡Cada vez alejan y silencian más a los administrados! Hubo
en su día un intento de protesta con los bancos, pero pasados unos meses, parece
que el tema se ha suavizado ya o no hay medidas. ¡Creo que pedir cita y acudir
presencialmente no tiene porque ser incompatibles! No sé por qué hacemos
difícil, lo que es sencillo, y aun así el papel no corre. Los expedientes se
eternizan: ¡Con la burocracia hemos topado!
Hablemos de todo, no sólo de chistorras, lechugas , de miserias humanas, de atropellos o abusos de poder, de deporte y
fútbol…sino también de multitud de cosas
pequeñas, aparentemente insignificantes que evidencian preocupación o dejadez, gestión
o congestión, ya de la limpieza de las calles, de las baldosas sueltas, de los
bancos de madera sin pintar, de las meadas y excrementos de perros, de las subidas de agua y luz (desde el último apagón, hace ahora un
año, subió un 14% ), de promesas e
incumplimientos, de verdades y mentiras. Y una vez hecho el balance toca
escoger, decidir, apoyar o castigar.
No podemos renunciar a las responsabilidades que tenemos como
ciudadanos, como seres humanos dotados de una dignidad que tenemos que defender
y hacer valer y más en tiempos como los de ahora que no reparan en estrategias
o medios para manipular, timar o engañar, incluso con el amparo de leyes
fraudulentas o decretos espurios. Son tiempos difíciles, opacos, agónicos, sin
apenas referentes morales, excepto el vecino de casa que como otros muchos
madruga todos los días para ganar su jornal, pero aun así no nos está permitido
mirar para otro lado y menos inhibirse en lo que ocurre o pasa. Véase el
genocidio nazi y la responsabilidad del pueblo alemán. Nunca más necesaria esa
cita de Descartes de “Pienso, luego existo”. Personalicemos la vida: pensemos
por nosotros mismos. Recientemente, con motivo de celebrarse los veinticinco
años de la apertura del Centro Comercial de las Rozas Village (96 boutiques y
700 marcas internacionales), en Madrid, al hablar de la clave de su éxito, su director de negocio don Esteban Liang,
dijo que : “ Sigue apostando por la experiencia personal…No estamos en el canal
‘online’, porque es contrario a nuestro modelo de negocio” . ¡Personalicemos la
vida! Es muy necesario.
José Antonio Noval Cueto.
P.D Permitirme que aporte esta cita de Miguel de Cervantes,
muy acorde para los tiempos que vivimos: “Querido Sancho: compruebo con pesar,
como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios. Nunca fui
defensor de Reyes, pero peores son aquellos que engañan al pueblo con trucos y
mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán. País éste, amado
Sancho, que destronan Reyes y coronan a piratas pensando que el oro del Rey
será repartido entre el pueblo sin saber que los piratas solo reparten entre
piratas”.