Cuando casi se cumplen trece años de la muerte de Manolo
Escobar en Benidorm un 17 de noviembre de 2013, una de sus canciones más
conocidas como es “¡Que viva España!”, compuesta en 1973 , retumbó en el “New
York Jersey Stadium”, para celebrar el merecido triunfo de la selección
española, tras vencer, en el minuto 106 del partido, a la selección argentina,
gracias al tremendo gol del valenciano Ferrán. A partir de ahí se desató el
delirio, la alegría de todos los amantes del fútbol, hispanos y no hispanos y
la final de habla hispana concluye con triunfo de España en Nueva York, ciudad en
la que uno puede entenderse sin saber inglés, como prueba la existencia de
emisoras de radio, cadenas de televisión y periódicos en castellano en auge. En
la actualidad casi 60 millones de personas hablan castellano en los EEUU; en
Nueva York más del 25% de la población, casi dos millones y medio de personas. Del
partido quedémonos con lo agradable, que fue casi todo. Hace muchos años al
preguntarle al músico catalán Xavier Cugat por qué se había establecido en Nueva York y
no en Madrid, éste contestó que si triunfas en Madrid, triunfas en España, pero
si lo logras en Nueva York, triunfas en el mundo entero, y eso es lo que ha
hecho España el pasado 19 de julio, triunfar en el mundo entero y con música y
letra de Manolo Escobar se inicia el brindis : “Entre flores, fandanguillos y
alegría / Nació España, la tierra del amor/ Solo Dios pudiera hacer tanta
belleza…”
He esperado un tiempo prudencial para hablar de España, pues
todavía hay alguno que se siente forastero en su propia tierra y todo por
desajustes de la realidad, desprecio al rigor histórico y demás incoherencias
del momento, pero eso sí, que la cartera no me la toquen. Ya en el siglo 1 a. C
el geógrafo Artemidoro de Éfeso habla de ‘Spania’ que pasó al latín como
“Hispania” e incluso el poeta latino Catulo llamó a la Península Ibérica
“Cuniculosa Celtiberia” o “Celtiberia , la Conejera”. Quien les escribe se
considera hijo de Dios, ciudadano del mundo, español, asturiano y sierense, y
no lleva la bandera pegada en la correa de su reloj, ni pulseras con sus
colores, pero sabe que con su esfuerzo y estudio contribuye a hacer una nación
mejor, más estable, más fuerte y poderosa, en resumen ,con más futuro, y es eso
lo que lleva haciendo, con mayor o menor intensidad desde que tiene uso de
razón, y quiere que su progreso y el de España vayan en un mismo destino. Por
todo lo dicho no tiene que sorprender que sus alegrías y triunfos sean los
míos, como ahora en el Mundial de fútbol, así como sus pesares y penas, también
los míos. Soy de los que se alegran de los triunfos de los demás y quien
lamenta sus errores y fracasos
En días como hoy, cuando aún perdura la sorpresa y el estupor
de ver nuestra fronteras invadidas y a los ceutíes con cara de miedo y
angustia, vais a permitirme que hable de España, de nuestra diversa nación que
en días especiales, como el pasado 19 de julio del 2026, deja que el
subconsciente hable , muestre y ofrezca
datos que a todos nos deben hacer pensar, y es que ese día se batió el récord
de espectadores televisivos en una final de fútbol del Mundial, alcanzando los
17.082.000 tras el gol de Ferrán y con un porcentaje de audiencia del 91,25 si
sumamos todas las cadenas que transmitieron el partido y la franja de edad de
los 13 a 24 años alcanzo el 95,2% de audiencia, que la Fifa superó las
expectativas de ingresos con unos 15.000 millones de dólares, y que fue la
excepcional labor de equipo bien
canalizada por un entusiasta y experto entrenador la que permitió el ansiado
triunfo.
Todos estos datos me permiten recordar que España existe, que
es la nación más antigua de Europa y que nuestros territorios , dentro de la
lógica diversidad, participan de un proyecto colectivo, solidario , que permite
el progreso de la nación y de sus gentes, vivan donde vivan, y esto que nos
parece del más elemental sentido común hay quien lo quiere torpedear y ejemplos
tenemos muchos, al alcance de la mano, como ayer cuando una cadena televisiva
decía que “ de los cincuenta mil migrantes llegados a Ceuta, cuarenta y ocho
mil ya habían regresado a sus casas”; últimamente
, por desgracia, priman más las super mentiras que las verdades. Ni que decir
tiene que los grandes hombres del pensamiento que ha dado España, desde
Unamuno, Maeztu, Ortega, Machado… han defendido y luchado para que España tenga
su sitio, su nombre en la historia y un buen ejemplo de ello son “Los Episodios
Nacionales “ de Benito Pérez Galdós”, que convierte en protagonista de sus
novelas a casi todas las tierras de
España, véase su novela “Gerona”.
Pero vivimos tiempos difíciles y hay quien por mera apetencia
de poder y en aras de intereses espúreos reduce al ser humano a mero muñeco de
“play-móvil”, desprecia y altera el pasado, se instala sólo en el presente y
bloquea el futuro, con el cínico comentario de que “los que vengan detrás que
se defiendan”. La única motivación que tenemos es la del borrego, la del
estómago agradecido.
El triunfo futbolístico es un buen ejemplo de lo que nos
espera en otros campos, creamos en nosotros mismos y a por ello. ¿Cómo? Como
siempre, confiando en nuestras posibilidades como nación, con esfuerzo,
entrega, rigor…y que palabras como honor, honestidad, honra, verdad, decencia y
conciencia vuelvan a tener su protagonismo en nuestra vida diaria…Mientras
escribo estas letras aún se oyen las notas de
“…España siempre ha sido y será /Eterno paraíso sin igual…¡España es la
mejor!
José Antonio Noval Cueto.
P.D ¿Será mucho pedir a la nación más antigua de España que
estrene su himno en el mundial del 2030? Es de las pocas que no lo tiene.
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