Con este deseo desesperado y cargado de cariño de Verónica,
su esposa, concluyó el funeral por el eterno descanso de Javier Álvarez
“Castro”, el tamborilero de Lugones, celebrado en la Iglesia parroquial de San
Félix el pasado 18 de octubre, festividad de San Lucas, patrono de la Medicina.
Desde hace años vengo publicando en este periódico sobre
aquellos temas que concitan mi interés, y esta semana, nada más conocer el inesperado
fallecimiento de Javier sabía que no podía callarme, que tenía que escribir
unas palabras que , aunque costaran, pues también las letras se cargan de dolor,
puedan servir de aliento, de estímulo, y sé que no es fácil, pues como decía el poeta “por doler me duele hasta
el aliento…”y si esto nos pasa a todas las personas que directa e
indirectamente nos relacionamos con Javier, ¿qué no pasará su familia? Yo
solo puedo deciros que el pasado lunes cuando venía hacia Lugones, a eso de las
17.00 horas, mi coche se frenaba, no quería llegar, no quería presenciar tan
dolor, que visto en óptica humana, de hombre de a pie, no tenemos reparo en
calificar de inhumano, de injusto, pues como bien dijo en su homilía, don Joaquín,
el párroco, “lo normal es que los hijos entierren a los padres”, pero ya
sabemos que la lógica de Dios no es la
lógica humana, y como bien dice el salmo
XXXVIII “Contados tiene el Señor los días de los que viven sin mancilla; y la
herencia de estos será eterna”.
Texto que enlaza muy bien con la persona de Javier, que tan bien
ha reflejado la prensa estos días, al hablar de su nobleza, de su entrega, de
su generosidad, de su eterna sonrisa, de
“ una persona como un pino”, “ una buena persona”, y como afirmó el párroco “
un enamorado de Lugones, de su entorno, más concretamente del Castru, la casa
de sus abuelos, del folclore asturiano…”,
de ahí su tambor, sus bailes y sus
muchas correrías por España y Portugal
siendo pregonero y embajador de Asturias, de su folclore y de su patria chica,
Lugones.
Yo coincidí muchas
veces con Javier en las semanas culturales que organizaba el “Grupo Principado”
de Lugones y siempre me sorprendió el entusiasmo e interés que ponía , puro
reflejo del amor que tiene su padre, Miguel,por el folclore y cultura asturiana
y por su difusión ; así como la alegría que se generaba en torno a él. Han sido muchos los bloques
temáticos que han expuesto y bailado ,
pero de todos ellos permitidme que
recuerde aquella danza desconocida del Camino de Santiago, que rescataron en
colaboración con el grupo folclórico El Ventolín, de Pola de Siero, que fue toda
una auténtico lujo presenciarlo y que
supuso para ellos un gran esfuerzo o aquel intercambio con la Babia de León, que
nos permitió conocer el baile chano y la importancia que cobra el movimiento de
los brazos en su ejecución; ese día
incluso oímos los sones de una original
gaita de cogollos de maíz que tocaba magistralmente el gaitero de la zona, creo
que de nombre Nemesio. Estos recuerdos y muchos más se agolpan en mi cabeza mientras
escribo estas letras en las que trato de agradecerte lo que eres – me niego a
hablar en pasado- y lo mucho que has hecho por cada uno de nosotros. Testimonio
de ello lo han dado la multitud de vecinos y amigos, así como las numerosas
gaitas, tambores y acordeones que esperaban tu llegada en las proximidades del
templo y que expresaron su lamento como saben y como saben que a ti te gustaría,
tocando el himno fúnebre de Antón el Neñu, mientras las lágrimas se deslizaban
por sus mejillas.
Ya dentro de la Iglesia y bajo la atenta mirada del Cristo de
San Félix que desde lo alto presidía la ceremonia, el coro empezó a entonar el
“Hacía ti morada santa, hacia ti tierra del Salvador”, mientras los fieles, de
pie, compungidos y silenciosos trataban de masticar tanto dolor, tanta pena y
tantos por qué…Todos como humanos que somos buscamos una respuesta y ésta no
aparece ; y si aparece, la de la fe que nos sabe frágiles,
perecederos e hijos de Dios y es que
como dice el Salmo LXXXIX: ”Dura un día como el heno: florece por la mañana, y
se pasa; por la tarde inclina la cabeza, se deshoja y se seca…”
Me niego a hablar en pasado y solo me queda desear que siga sonando
el tambor, que allí donde suene estará tu persona, tu buen hacer, tu recuerdo ;
y que Lugones siga aportando a la
sociedad personas como tú, generosas, nobles, entregadas, de esas que no se
olvidan, que dejan huella. ¡Que Dios te tenga en la gloria, que bien merecida
la tienes!
José Antonio Noval Cueto.
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