De todos es sabido que el gran enemigo de la política son las
circunstancias, que hacen que uno en menos de veinticuatro horas pase de
presidente a parado y sin hacer mérito
para ello, y digo todo esto a raíz de las desafortunadas reclamaciones epistolares
que curso el pasado 26 de marzo, don Andrés Manuel López Obrador, presidente
actual de Méjico, a su majestad el rey Felipe VI y a su Santidad el papa
Francisco, a fin de que pidan perdón por los abusos cometidos por Hernán Cortés
y sus compinches en la conquista de su país, iniciada un 14 de marzo de 1519,
hace ya más de quinientos años .
Ni que decir tiene que nos dejó a todos perplejos,
estupefactos. No dábamos crédito. La carta que usa el idioma de la conquista,
el castellano, para criticarla, no se ajusta a las necesidades ciudadanas y
busca la polémica interesada, el conflicto con la opaca intención de ocultar realidades
obscenas – el presupuestadoo muro de Trump, la elevada violencia ciudadana…- y distraer el ciudadano. Dicho de otro modo,
tomar a España como pretexto para otros fines. Estrategia ya empleada en las
naciones de onda bolivariana o simpatizantes con ella. Recordemos el conflicto
de Repsol y Argentina en la época de Cristina Fernández de Christner.
Todo esto ha ocurrido después que Pedro Sánchez , en pleno
conflicto venezolano, hiciera una visita de tres días a Santo Domingo y Méjico
a finales de enero, concretamente los días 29,30 y 31 y con la particularidad
de ser el primer mandatario extranjero
que acoge el nuevo presidente mejicano y después de una amistosa y fraterna rueda de
prensa conjunta donde don Andrés Manuel López
Obrador dijo que :” Hay ahora un buen entendimiento con el Gobierno de España,
de modo que no veo obstáculos de ningún tipo para que se fortalezcan las
relaciones económicas y comerciales con España”. Hace unos días el Papa Francisco reconocía
que no se ajusta a verdad querer interpretar y juzgar el pasado con la mentalidad
del presente. En el reciente Congreso de la Lengua Española celebrado en
Córdoba (Argentina), intelectuales del máximo nivel ya han dado las merecidas respuestas
que merecían tamaña insolencia.
No obstante si hoy escribo estas letras se debe a que en una
entrevista al historiador Nikita Harwich con motivo de la publicación de su libro
“El chocolate, una historia para chuparse los dedos”, nos revela que si hoy consumimos y saboreamos
un buen chocolate, sea de Suiza, Bruselas, Astorga o Meres, se debe a Hernán Cortés que tuvo el detalle y
generosidad de traérnoslo a España, Europa… y que ya los indios “shuar o jíbaros de la Amazonía
ecuatoriana ya dominaban el procesamiento del cacao en el año 3.000 a. C. ¿Qué sería de nosotros sin el chocolate mañanero
o vespertino de los días de invierno o
de aquellas meriendas de bollo de pan con onza de chocolate incrustada
manualmente en su interior? Creo que
habrá argumentos más contundentes en la defensa de Hernán Cortés, pero este
detalle de traernos el chocolate y habituarnos a él, de ayudarnos
a saborear el diario vivir, le hace merecedor de perdón y clemencia, si es que hizo algo cruel e inhumano que no hicieran sus
coetáneos- Bernal Díaz del Castillo nos documenta que los sacrificios humanos y
el canibalismo eran frecuentes en la zona- . ¿Qué sería de nuestra dieta sin él? Se
adapta y acomoda a todas las edades y momentos. Es apetecible para niños y
mayores. Alimenta y conforta, y esto sin
entrar en otros poderes que se le suponen.
Deseo que este dislate impropio de un presidente humanista
quede en eso, en un dislate, y que las buenas relaciones políticas, económicas
y culturales entre ambos países vayan por el camino que todos deseamos. En aquella rueda de prensa conjunta que he
citado, el presidente mejicano nos recomendó un buen libro “El hombre que amaba los perros”. Autor
Leopoldo Padura, nacido en Mantilla (La Habana). Personaje principal Ramón Mercader, asesino de Trotsky. En esta
ocasión, háganle caso.
José Antonio Noval Cueto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario